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¿Y Ahora Qué?


Me he hecho esta pregunta miles de veces, especialmente estos días llenos de tanta incertidumbre y dudas sobre el futuro. Lo cierto es que desde que tengo memoria mi vida ha estado llena de momentos ¿Y ahora qué? y claramente mi perfeccionismo y miedo al fracaso no han sido los mejores compañeros de viaje. Siempre me he exigido muchísimo y digo esto con más congoja que orgullo, ya que a través de los años me he convertido en mi peor verdugo, ese que nunca se calla, que me reprocha, que me culpa y me avergüenza cuando cometo un error y no cumplo con mis propias expectativas o las de otras personas. Sin embargo, reconozco que sin esa fuerza por darlo todo en todo no hubiese logrado lo que me he propuesto hasta ahora. Desde que era pequeña mi mamá me decía: “Fiorela, si va a hacer algo mejor hágalo bien, sino mejor no haga nada.” Mi mamá quería que yo fuera excelente y no perfecta, pero yo no entendí la diferencia hasta hace poco y mucho de ese deseo por hacer todo perfecto se convirtió en un miedo enorme al fracaso.

“Fiorela, si va a hacer algo mejor hágalo bien, sino mejor no haga nada.”

Uno de mis momentos ¿Y ahora qué? más grandes fui irme a estudiar a Estados Unidos. Siempre me fue súper bien en la escuela y el colegio. Yo era de esas güilas que lloraban si se sacaban un 98 y no un 100. Mis notas sumado al hecho que medio me la jugaba en inglés me ayudaron a ganarme una beca completa para estudiar allá.

¿Y ahora qué?, aquí se pone interesante el asunto. Mi primera clase fue “El Antiguo Testamento” y ahí mismo nos dejaron la primera tarea...simple, fácil y corta: Escribir una reflexión sobre el libro de Genesis en una página con doble espaciado y letra número 12. Después de haber escrito todas las indicaciones en Google Translate porque no entendí una palabra de lo que dijo el profesor, estuve sentada desde las 2:00 p.m. hasta las 2:00 a.m. en la biblioteca escribiendo la bendita reflexión. Me quedé en el mismo lugar, no fui al baño, no fui a comer y estaba determinada a no dormir hasta terminarla. Tanto sacrificio para recibir un 70. ¡El primer 70 en mi vida! Lo que no sabía es que ese 70 sería el primero de muchos. Así fueron esos cuatro años, llenos de desveladas, muchísimo café y 70 con sabor a 100. Con el tiempo mis notas, mi inglés y manejo del tiempo mejoraron, pero no al punto de ser perfectos. Aprendí a vivir y disfrutar de la imperfección y no voy a decir que fue fácil porque lloré montones al sentirme una fracasada cuando las cosas no salían como yo las planeaba.

¿Y ahora qué?

Bueno… hoy más que nunca estoy aterrada, me gradué hace tres semanas y no tengo idea qué depara el futuro, pero estoy segura de que, aunque el camino no es perfecto será bueno y abrirá muchas puertas para fracasar, caer, cometer errores, pero también para aprender, crecer y mejorar. No sé si algún día superaré mi miedo al fracaso, pero de lo que sí estoy segura es que seguiré siendo una miedosa valiente porque en cada momento ¿Y ahora qué? he elegido la valentía en lugar del confort y bueno, me ha funcionado hasta ahora.



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