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Una Mañana con Cenizas me Hizo Ver el Valor Real de la Vida


Llega un punto en donde empezas a ver la vida de manera distinta, en qué lo más importante es tener salud, personas que te quieran y apoyen; y la oportunidad de hacer lo que más te apasiona en la vida. Para mi, eso es felicidad.


Empecé con esta reflexión porque por un hecho triste y duro que enfrenté comencé a trabajar desde muy joven con mi familia, y esto me impulsó a ser la persona que soy hoy. Además de valorar las pequeñas cosas de la vida.


Yo tenía 11 años, y era un sábado 1 de marzo del 2003. Yo estaba en mi casa, en pijamas desayunando, cuando escuché unos gritos de mi mamá que nunca se van a borrar de mi memoria. “¡¡Se está quemando la casa de Cecilia (Mi abuelita), la pulpería, y el restaurante!!”. Lo único que hice en ese momento fue salir corriendo y jugar de que yo era un bombero por primera vez en mi vida. No tenía miedo, sino ganas de salvar la casa de mi abuelita, y los negocios en que mis abuelos y papás habían trabajado con dedicación por más de 40 años.

Los negocios y la casa de mi abuela estaban en la misma propiedad de mi casa. A pesar de mi valentía de bombera por un día, las llamas que salían eran inmensas, y al sentir el fuego tan cerca de mí, salí corriendo.


El fuego consumió todo muy rápido, y estuvo a punto de quemar mi casa, porque ese día se había ido el agua en Escazú, y los bomberos tuvieron que succionar de un río que estaba cerca, para apagar el incendio.


Cuando todo terminó, quedó un olor singular que diría yo, “solo las personas que han vivido este tipo de situaciones conocen”. Es algo que no les puedo explicar con palabras. Mis papás estaban destrozados, mis hermanas y yo asustadas, y por otro lado mi abuelita se había quedado sólo con lo que andaba puesto ese día.

Cuando mis papás se quedaron sin los negocios, Dios nos bendijo con personas que nos ayudaron, mientras veíamos que hacer.

A las semanas siguientes, mi casa se convirtió en una pulpería y el garaje en una soda. En ese momento mis papás nos dijeron: “Chicas hay que salir adelante no podemos pagarle a nadie que nos ayude”. Fue así cómo empecé a cocinar y atender al público. Estuvimos así 1 año, y después pudimos construir de nuevo.

Mis papás se esforzaron mucho para que termináramos de estudiar. Me acuerdo de algunos días que llegaba del cole o la U, y me ponía a trabajar. Hoy, las 3 somos profesionales, y con un espíritu emprendedor.


Conforme yo iba creciendo, los negocios se convirtieron en 2 grandes escuelas de vida, en comparación con el cole y la universidad.


Estoy orgullosa de mi familia y de mi, salimos adelante juntos y aprendimos el verdadero valor de la vida. Dios nos habla de muchas formas y nos hace fuertes con cada prueba en este viaje tan lindo que se llama vida.


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