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Tratamos de Llevar Esperanza


Mi mamá nos enseñó a tener compasión y misericordia con las personas necesitadas. Al extremo de gastarse el presupuesto del súper con tal de ayudar a una persona que pasaba vendiendo mandarinas habitualmente por casa y mucho más. Como jefe de hogar y como administrador de fondos, aprendí a administrar un presupuesto y a estructurar con responsabilidad los planes presentes y futuros.


Viviendo en Guanacaste, al alejarnos de la selva del asfalto y las actividades sociales, tuvimos como familia la oportunidad de conocer más de cerca las necesidades visibles de nuestra gente. Participamos en los bingos de pueblo, los turnos y las fiestas patronales.

Poco a poco, Dios fue guiando el camino y fuimos coleccionando historias y anécdotas, de personas que querían ayudar a personas que necesitaban ayuda. Al llegar de regreso a San José, ese estilo de vida enfocado en ver y atender a ayudar ya había calado, no sólo en mí, sino en toda mi familia.

Empezamos a ver “en dónde podíamos ayudar” y buscando que la mano izquierda no se enterara de lo que hace la derecha decidí fundar Mas Enlaces, con el objetivo de enlazar a la gran cantidad de gente que quiere ayudar con la gran cantidad de gente que necesita de alguna ayuda.

Las personas que necesitan de ayuda a fin de cuentas se encuentran por todas partes, pero lo sorprendente fue ver la bondad en la gente, la gran cantidad de personas, amigos, familiares, desconocidos y por supuesto que sorpresas de gente que llegó a ayudar cuando jamás lo hubieras esperado, todos dispuestos a hacerlo de muy diferentes formas, de acuerdo con sus capacidades, vocaciones y talentos.

Trabajando en la comunidad de La Carpio, en medio de muchas necesidades (la obvias son las materiales), un gran amigo y conocedor de la realidad de esa comunidad, me dio una preciosa lección. Al consultarle ¿Qué es lo que más falta le hace a esta gente? Yo esperaba una respuesta común: ropa, comida, soluciones de infraestructura en su casa, medios para estudio o incluso trabajo. Pues mi amigo se limitó a decir: lo que esta gente ha perdido y más necesita es ESPERANZA. ¿Y ahora, eso dónde lo consigo?

Entonces entendí lo que hacía mamá y que Dios se vale de la disposición de sus siervos para llevar gotas de esperanza por el mundo. La gente no espera grandes cosas. Los enfermos no esperan curarse mágicamente, los pobres no esperan hacerse millonarios, lo que todos deseamos es un cachito de esperanza.







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