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Todo es Cuestión de Actitud



Soy una persona muy activa y positiva, desde pequeña fui hiperactiva, los momentos en que estaba quieta era cuando me sentaba en una llanta en el patio de mi casa que era un kínder para filosofar de ¿por qué había nacido y para qué estaba aquí…? ¡Me daban horas pensándolo y sentía que volaba!


Toda la vida me ha encantado hacer ejercicio para mantenerme en forma y cuidar mi salud. En mis dos embarazos disfruté haciendo aeróbicos para que mis bebés estuvieran felices, sanos y fuertes ahí adentro.


Hice muchas carreras de atletismo en donde fui muy feliz con cada paso recorrido, veía flores en los jardines, las montañas, el cielo, las nubes, pajaritos y todo me parecía hermoso. Salía de mi casa de madrugada a entrenar disfrutando el amanecer subiendo y bajando cuestas, respirando aire puro, sonriendo a la gente que pasaba al lado, abriendo de primera el gimnasio o yendo a nadar.

Me considero una persona agradecida, acostumbraba a escribir en una libreta todas las cosas por las que debía de agradecer y la lista siempre era interminable, cada día había algo nuevo por qué dar gracias. Desde la salud y mi familia, las amigas y hasta las lombrices que se reproducen en la tierra del patio (porque me encanta sembrar y son una bendición para la tierrita)


Hace algunos años empecé a sentir mucho cansancio en mis salidas a correr y no lograba subir mis adoradas cuestas. Voy entonces al doctor y luego de varios exámenes me diagnostica una enfermedad autoinmune. Tomé la noticia con mi característico positivismo y con la seguridad de que todo iba a estar bien. Se acepta lo que es y vamos para adelante pensé.

Tendré algo que aprender y enseñar a los demás con esta situación. Sabía que de algo me iba a servir este nuevo compañero de vida, esa fue mi reacción una vez aceptada la noticia, ya que todo lo que nos pasa siempre tiene un para qué.


 El cuerpo no es más que el estuche del alma, del Ser de amor por el cual vibramos y llevamos luz a los demás.

Por un tiempo dejé las salidas a correr porque era mucho el agote, así que conseguimos una máquina caminadora para la casa y a empezar desde 0 poco a poco en la terraza para no recibir sol ya que por orden médica nunca más asolearse...


En esa máquina empecé a conversar con cada una de mis células para ayudarlas a ser fuertes y a ejercitarlas conmigo. Las visualizaba gorditas comiéndose a las otras células que estaban locas atacándonos.  Escuchaba audios de superación personal mientras caminaba y volví a agradecer mucho más por todo.


Recuperé rápido la fuerza física y se fortaleció mucho mi parte espiritual, he seguido haciendo ejercicio, pero ya no tanto como antes porque también aprendí a “no correr en la vida”.

Hay que valorar el instante y vivir el momento. Comprendí entonces la razón de ¿a qué y por qué vine al mundo? Vine a dar ejemplo de que con una buena actitud siempre hay otra forma de ver las cosas y para mí, ese es el milagro.


Gracias a la pandemia trabajo desde casa y estoy retomando el salir a correr un poco. Una mañana de estas pensé de repente que mis células si me escucharon; les di las gracias sonreí y corrí más fuerte mirando al Sol.


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