• Humanos de Costa Rica

Tiquicia de mi Corazón


Me digo: “Ya, se acabó mi experiencia en Costa Rica” y como siempre me pasa con las cosas que me hacen inmensamente feliz, me pregunto: “¿Será que todo lo soñé?” Casi 10 meses de mi vida en una tierra que me enseñó tanto, que me dejo recorrerla y respirar su cultura, abrazar su gente y bailar su historia.

Aquí les dejo un poco de lo que aprendí, viví y extrañaré.

Tus Días: Son las 2 de la tarde y empiezo a sentir que se me cierran los ojos y me provoca respirar más profundo. Sin darme cuenta ya estoy oliendo la lluvia. Religiosamente, cada tarde, en más de la mitad de mis días en Costa Rica, llovía a cántaros, como si no hubiera mañana.


Es por esto que no se extrañarán porque el brillo del verde de la naturaleza de este país deja sin aliento a cualquiera. Pero un par de horas antes de este momento de lluvia, había un cielo azul precioso, un sol increíble y unas ganas de ir a la playa que inundan cada pedacito del cuerpo. Este país está bendecido con uno de los mejores climas que conozco.

Y caminar, uff… Una de las cosas que más me gusta de San José es la posibilidad de caminar mucho. Así fue como caminé mucho por esas calles que no saben quedarse en un solo plano: sube, baja, sube, baja… y ellas aunque quieran estar preciosas, no pueden porque la lluvia es más fuerte que cualquier asfalto. Dándole ese toque tan especial a sus calles, ya no solo suben y bajan sino que son de diferentes tonos de gris y tienen huecos por todos lados. Cada día observaba los huellas de los temblores, las raíces de los arboles y las lluvias, sintiéndome aventurera en pleno San José.


Comida: Abro los ojos después de escuchar las primeras gotas de agua y me doy cuenta que no he ido a comer, y voy con Ari a comer. “Vamos pa’ Yoguis” y al rato digo: “Señor, regáleme (no me lo regala literalmente, solo lo estoy pidiendo y lo pago luego, pero en Costa Rica, la gente pide regalando) un pinto con dos huevos y tomate, pero no junto, separado con el tomate en rodajas”. Y así almorzaba por 3,50 dólares muchos de mi días.

Al rato, ya me terminé mi pinto, estaba buenísimo como siempre. Y me pega “la marea alcalina”, es decir: me da ese sueño que da después de comer, pero en Costa Rica suena demasiado pro, es casi como si formara parte de un experimento científico cada vez que termino de comer. Porque la verdad es que en este país se come muy rico.

El descubrimiento del frijol molido con todo, el gallo pinto, las rumbas, las galletas Julietas, el chocolate Tapita (que un mes justo antes de partir lo hicieron helado y bueno… sueño hecho realidad), pero la verdad verdad, lo que más me gusta son las frutas. No sé como me acostumbraré a no comer piña a diario, papaya y mangos de los más ricos que he probado. La verdad es que este país es un deleite para el paladar, un deleite natural, colorido y con frijol molido.

Cultura: Que rica tu cultura Costa Rica! Desde lo vivo de tus 8 etnias indígenas y lo orgullosa que está tu gente de ellas. La buena música y presencia de eventos de teatro, danza y música. Me encantó aprender a bailar Son Criollo, disfrutar uno que otro concierto y ver tus artesanías tan espectaculares. Me declaro fan de la carreta típica y sus dibujos que le alegran la vida a quien la admira.

Paisajes: Debo admitir que una de las razones principales para venir a trabajar a Costa Rica fue por su fama de increíbles paisajes. Tanto playas, cascadas y volcanes. Ciertamente me arrepiento de no haberte recorrido más, pero puedo decir que conocí una de cada una de tus maravillas: un volcán, una cascada y una playa. Wow. En serio, las tres me dejaron sin palabras: el azul de la laguna en el volcán Irazú, la belleza del parque nacional Manuel Antonio, donde vas caminando entre arboles con osos perezosos y se abre una playa preciosa, todo un regalo de la naturaleza.

Y la última, mi preferida, la maravillosa cascada en Los Chorros, en Grecia-Alajuela ¡Estaba eufórica! Me sentía sumamente afortunada de estar ahí en ese momento, viendo la fuerza de la caída y lo frío de sus aguas que me entumecían los músculos de la sonrisa.


Me quedé sin aliento, no podía dejar de sonreír y aproveché para agradecer mucho a la vida por todo lo vivido, notando que en los pequeños detalles, como sentir piedras entre mis dedos, yo estaba creciendo y hacía que cada día valiera la pena.

Pero ya va… No puedo dejar de hablar de tus arboles, especialmente La Corteza Amarilla y los arboles de flores rosaditas, era un espectáculo diario para los ojos, un recuerdo de vida y de color entre las calles de San José.

Democracia: Tienes mucho que enseñarle al mundo Costa Rica. ¡Qué privilegio haber estado en las elecciones del 1ero de abril!. Yo pensaba que la democracia en Latinoamérica era un mito, así como las sirenas. Y no, me demostraste que no, si se puede ir a votar por un mejor futuro para tu país, se puede hablar con quien opine distinto, se puede convivir en paz, en democracia y se puede celebrar libremente la victoria.

Lo que yo viví ese día no era la celebración de un partido, sino la celebración de la democracia: yo pienso de una manera determinada, tu de otra, pero ambos tenemos el derecho a votar, votamos y respetaremos los resultados. Banderas de partidos en un mismo carro recorrían la ciudad, se promueve la libertad de expresión, se escucha a quien piensa distinto.

No por nada son la democracia más fuerte de Latinoamérica y quiero felicitarlos y desearles los mejor para los siguientes 4 años de gobierno. Sigan haciendo de Costa Rica un ejemplo y un país donde reina el trabajo y la paz.

Tu gente: Lo deje de último porque esta es la parte más difícil de describir. La verdad es que la gente es lo que más voy a extrañar, es lo que más me enamoró y por lo que volvería una y otra vez a recorrer tus calles y paisajes.


Porque al final no eran tus días, tu comida, tu cultura, tus paisajes o tu democracia lo que hacían mis días en Costa Rica uno más lindo que otro. Era tu gente. Porque sin tu gente llena de vida y color, nada tendría sentido.

Estuve pensando que poner sobre tu gente y hubo 10 cosas que amé de los ticos:

  1. Su amabilidad: desde la persona amiga hasta el señor del bus.

  2. Su amor a ser tico

  3. Su acento y palabras tan chivas

  4. Sus ganas de trabajar por su país

  5. Su calidez humana

  6. Sus ganas de soñar y volar, aunque dé un poco de miedo y eso no les permita conocer nuevos horizontes en muchas ocasiones.

  7. Sus valores y familia

  8. Su sonrisa y alegría

  9. Su humildad

  10. Su interés y curiosidad.

Son características muy típicas que cualquiera amaría de cualquier país, pero les prometo, en Costa Rica es distinto.

Saber que cualquier persona de la calle te va a tratar con cariño es una tranquilidad a la que uno se acostumbra muy rápido. ¡Que sabroso sentirse bienvenido en todo lados! Detalles como que nunca faltó un "Gracias", "Por favor" y te miran a los ojos para desearte buenos días… es muy bonito. A nadie se le niega una sonrisa, así no hubiera dientes para sonreír.

Sentirme un poco tica fue una sensación tan bonita, identificarme con tantas cosas y hasta agarrar un poco de las palabras. Sólo espero que no se me olvide ninguna de ellas:

"Mae, es que vea… Haber vivido en Costa Rica fue muy chiva, la gente es muy tuanis y sólo me siento demasiado afortunada."

Gracias por abrirme tus brazos Costa Rica, hablaré mucho de ti para que más y más gente conozca tu magia. Y sobretodo, volveré, volveré con las personas que más amo, iré a más cascadas, playas y volcanes. Y claro que sí, caminaré de nuevo por San José, por Barrio Amón, Plaza de la Cultura, los Museos, calles perdidas por ahí y la lindísima y admirable Universidad de Costa Rica. Caminaré de nuevo por la Avenida Central con todos los olores y sonidos que esto implica, con sus artesanos y miles de palomas, oleré las flores del puesto a mano derecha, pasaré por el Mercado Central y caminaré hasta la Sabana.

Esto es solo un Hasta Luego, porque cuando uno se va de un país que tanto quiere, uno no se va del país, sino que el país y los recuerdos se van con uno, y pueden encontrarte desde el centro de mi corazón a 25 metros SUR y 300 metros ESTE en la esquina de las cosas que más amo, envuelta en todo el cariño que aún quiero darte.

"Hace ya dos años y medio salí de Costa Rica y la extraño todos los días. Este es un texto escrito el dia que me fui. Soy una venezolana que se enamoró de este pequeño país que de pequeño no tiene nada. Gracias Costa Rica por todo lo que me impactaste. VOLVERÉ"


¡Pura Vida!


Nota de Humanos de Costa Rica: las historias que publicamos tienen usualmente entre 500 y 600 palabras ya que buscamos que sean de una lectura corta de 2 a 3 minutos y pero con un mensaje inspirador.


Esta historia es mucho más extensa, la autora nos la compartió y nuestra intención era editarla como algunas veces lo hacemos, sin embargo al leerla fue imposible para nosotros. Nos pareció tan extraordinario lo que ella escribió que no podíamos privar a quienes nos siguen de leer todas sus palabras.


Precisamente en este momento, cuando vivimos una situación tan difícil en la cual la intranquilidad, y a veces hasta la desesperación, se apodera de nosotros, su relato nos cayo como un torrente de agua fresca, simular al de la catarata Los Chorros que ella describe.


Creemos que es muy esperanzador ver nuestro país a través de los ojos de una extranjera que se ha convertido en tica de corazón.


Es cierto, sus palabras fueron escritas hace dos años y medio, pero el país que ella describe sigue siendo el mismo. Una pandemia nos puede doblegar, incluso al punto de ponernos de rodillas, pero ciertamente no nos definirá, saldremos de esto y por ello no podemos olvidar quienes somos y el país que tenemos.


Si su historia los ha motivado, inspirado o les ha generado una sonrisa en este domingo, les agradecemos de todo corazón compartirla con sus familiares y amigos, alegrémosle el día a otras personas. Esparzamos buenas vibras, viralicemos optimismo.

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