• Humanos de Costa Rica

Testimonio de Vida o Muerte


Mi nombre es Luis Guillermo, soy de Tronadora de Tilarán de Guanacaste, tengo 32 años de trabajar en el ICE.

Soy buzo y he tenido el privilegio de estar en el mar y en lagos ejecutando diferentes labores. Esta es mi historia, muy real y que me cambio la vida totalmente.

He podido notar que cuando uno está en las profundidades del agua, se acercan los peces, se vienen de frente y comienzan a abrir su boca y de una manera inexplicable comienzan a pronunciar lo que para mí son palabras que luego explicaré.

El día de esta historia llegamos al centro de trabajo aproximadamente 10 compañeros. Se hizo la lista laboral y junto con otro compañero que se llama Rafa, fuimos los primeros en sumergirnos.

Nos tocó que bajar a una profundidad de 75 pies, aproximadamente 25 metros. Después de 16 minutos de estar laborando fuertemente mi respiración estaba inusual, estaba muy agitada. El equipo, para los que tienen conocimiento de buceo, tiene un dispositivo que se llama diafragma que va pegado al respirador que llevamos en la boca. De un momento a otro, cuando me percaté el respirador que va directamente a la boca se me había despegado, las tres próximas respiraciones no fueron respiraciones, sino que tomé agua 3 veces seguidas. A partir de ese momento me di cuenta que el equipo que yo estaba utilizando había quedado inservible a 25 metros de profundidad Mi compañero más cercano no podía darme aire, donde estábamos sumergidos era un barrial y no me podía ver. Por la necesidad de oxígeno que tenía mi cuerpo supe que la próxima vez que yo respirara lo primero que haría seria tragar agua de nuevo. La teoría del buceo dice: detente, piensa y actúa, pero en ese momento cuando yo ya me estaba ahogando, esa teoría dejó de tener validez en mi vida, porque lo primero que vino a mi mente fue mi madre, mi esposa, mis hijas. Yo sabía que estaba a 25 metros de profundidad, no iba a poder salir de ahí. Cuando uno desciende a grandes profundidades debe ascender lentamente a la superficie, por la alta presión del agua en la profundidad si se sube muy rápido el gas contenido en la sangre no tiene tiempo de escaparse y forma burbujas en los vasos sanguíneos que puede ir al corazón o al cerebro y bloquear el paso de la sangre.

Pero yo me estaba ahogando, por la desesperación tomé la decisión de comenzar a subir lo más rápido posible, dejé botada la máscara y la luz.

Mi compañero que estaba cerca sintió que yo me despegué del piso, pero por ser un lugar tan oscuro, no se dio cuenta lo que me estaba pasando en ese preciso instante.

Sólo cuando se ha estado de frente a la muerte puedes agradecer con lágrimas y Aleluyas al CREADOR del cielo y la tierra, que te da otra oportunidad de vivir para poder escribir este testimonio

Cuando yo comencé a salir no sabía si iba vertical u horizontalmente porque no tenía máscara ni luz, eran exactamente las 2 de la mañana, en tiempos de diciembre, con oleaje bravo aguas frías.

En mi mente y mi corazón sentí que ahí iba a morir, sin embargo dije “Padre no quiero morirme, no quiero morirme no quiero morirme”, buscaba una salida sin rumbo, pataleaba con mis patas de rana lo más fuerte que podía. Faltando unos 12 metros para estar afuera comencé a ver la luz que se habría delante de mis ojos, no sabía si era la luz del barco o la luz de la vida, que me estaba dando otra oportunidad. Finalmente salí a la superficie y, no lo niego, grité y lloré. Mi cuerpo temblaba y por la velocidad a la que tuve que subir, mi sistema nervioso estaba atrofiado, sabía que me podía dar un paro cardíaco, un derrame cerebral o mis pulmones podrían haber explotado. Escuché desde el barco que dijeron “algo está pasando, Guillermo salió como un corcho del fondo del lago, se va a morir, nadie puede soportar esa presión”

Lo más triste de todo, la herramienta que utilizamos para accidentes de descompresión, llamada cámara hiperbárica, estaba dañada, la única vez en 30 años.

El encargado del grupo me dijo “tienes que cambiarte el equipo y bajar de inmediato, te tienes que liberar de nitrógeno, para que no te dé un paro o un derrame cerebral” Cómo pude mis compañeros me ayudaron a ponerme un equipo nuevo y baje 10 metros, mi cuerpo temblaba y yo lloraba.

Sé y respeto que hay lectores con diferentes creencias y concepciones de un ser superior, les comento mi experiencia desde las mías, pero por favor interprétenlas desde las suyas.

Acá es donde vino para mí el milagro, el agua donde laborábamos estaba muy sucia, sin embargo, en ese momento, cuando me sumergí de nuevo, se aclaró. Luego se acercó un pez, aquí en Costa Rica nosotros le llamamos guapote, es grande, de unos 3 kilos, con escamas, aletas y agallas. Hay un versículo de la Biblia que dice “que todo lo que esté vivo y respira de la exaltación a YHWH” (Dios), su pronunciación fonética es Yahweh.

El pez dió 3 vueltas alrededor de mi cuerpo y se vino de frente hacia mí. Quedo a 50 centímetros de mi cara y comenzó a abrir su boca como diciéndome algo, pareciá pronunciar Yahweh. A partir de ese momento sentí en mi corazón que se había confirmado una oportunidad más de vida para mí. Sentí que habló a mi espíritu y me dijo “como a Moisés lo saqué de las aguas con un propósito, a también a ti te sacó de las aguas con un propósito.”

Ese propósito es llevar la verdad y las buenas nuevas de salvación y contar este testimonio de vida porque no todos tienen una segunda oportunidad, que Dios me los bendiga.


Nota de Humanos de Costa Rica: dentro de nuestras guías definimos desde el inicio que las historias que publicaríamos no entrarían en temas de afiliación o reclutamiento político, a ningún equipo de futbol o religión.

Somos, al igual que el autor, muy respetuosos de la forma en que nuestros lectores conciban o no un ser superior y de las creencias religiosas que tengan.

Decidimos publicar esta historia porque el autor no busca atraer o afiliar a los lectores a sus creencias o alguna religión en particular, cuenta su experiencia y la lección de vida que le generó: una segunda oportunidad de vivir con un nuevo propósito.

Creemos que es un aprendizaje que muchos de nosotros, sin pasar por esa misma experiencia, podemos tener, independientemente de cual sea el propósito que cada uno defina.

A pesar de lo anterior, si alguna persona al leer este relato percibe algo diferente, nuestras disculpas y nos gustaría saberlo, nos pueden escribir directamente un mensaje o enviarnos un email a historias@humanosdecostarica.com


Finalmente, si esta historia lo motivó, inspiró o hizo reflexionar, compártala por favor son sus familiares y amigos, esparzamos buenas vibras, viralizemos optimismo.

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