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Sobre Caer y Levantarse


Era noviembre del 2003. Recién cumplía 19 años cuando un día me desperté atada de brazos y piernas, con tubos en mi boca y cables por todo lado.  Había sufrido un accidente de tránsito del que a la fecha no recuerdo nada, y llevaba varios días en coma. 


Desperté y todo había cambiado, comenzando porque mi mamá había muerto en el accidente y ni siquiera pude despedirme de ella.  A causa de esto, tuve unas 8 operaciones en 3 meses y quedé con una discapacidad motora que, hasta el momento, no tiene solución.

Un accidente no solo afecta a la persona que lo sufrió directamente, también afecta a la familia completa y en mi caso, este fue un detonante para intensificar los problemas que ya existían en la mía.  No faltaron intentos de suicidio, drogas y demás episodios, que nos dañaron a todos en muchos sentidos. 

En lo que se refiere a mí, me volví más insegura de lo que ya era, mi autoestima – que ya era mala – empeoró y aunque era una adulta relativamente funcional, con un trabajo estable, viviendo independiente, lo cierto es que estaba emocionalmente mal, a pesar de que muchos allegados no lo sospecharan. 

Me tomó mucho tiempo aceptar mi condición de discapacidad y mi nueva realidad.  Por años sufrí de tricotilomanía, ataques de ansiedad, disforia, trastornos del sueño y me endeudé terriblemente. 


Pasé de auto mutilarme a dejar que muchos abusaran de mí emocional, sexual, psicológica y económicamente. 

No controlaba mis emociones: pasaba de levantarme sumamente positiva a caer en un negativismo extremo, lo que entre otras cosas, no me permitió finalizar mis estudios universitarios. 


Me volví manipuladora, mentirosa, y demás con tal de llenar vacíos emocionales.  Hice daño, me hice daño y aunque siempre tuve muy buenos amigos a mi lado, no lograba recuperar las ganas de vivir y me levantaba todos los días deseando que todo acabara.  Pensaba que la muerte era la única y definitiva solución a todo, así que simplemente vivía por inercia, por obligación. 


Pasé por muchos psicólogos de los que huía porque no me daban una solución rápida y efectiva.  Por uno de ellos fui diagnosticada con Trastorno de Personalidad Limítrofe. 


Para ese momento, ya había tocado fondo en muchos aspectos de mi vida.  Llegué al punto de que lo único que tenía para comer era pan y bananos, entonces dormía para no pensar en el hambre gigante que tenía y para evadir la realidad.  Me pasaba los días encerrada, poniendo excusas para no salir y llorando día y noche.

El TPL, como muchas otras condiciones, no desaparece mágicamente.  De hecho, no se va, simplemente se aprende a caminar con él.  El acompañamiento médico es importante, pero sobre todo, se requiere mucha fuerza, determinación y querer realmente que el rumbo de las cosas cambie. 

Eso fue lo que hice.  Un día, tomé consciencia de todo el mal que me estaba haciendo y de que estaba desperdiciando mi vida.  No fue fácil pero me armé de valor, me enfrenté conmigo misma y decidí con fuerza cambiar mi realidad. 


Después de ese caótico año del 2013, todo comenzó a ir mejor.  Comencé a aceptarme con mis cosas buenas y no tan buenas, entendí que si yo no me amaba y me respetaba, nadie lo iba a hacer por mí, pero sobre todo, dejé de lado la autocompasión y decidí ver las cosas diferentes. 


Antes pensaba que todo lo que me pasaba era malo, no lograba ver lo positivo de la vida.  Desde ese momento, aunque he seguido teniendo momentos retadores como cualquier otra persona, también han venido muchas bonitas oportunidades que me han hecho cambiar y crecer como persona. 


Además, conocí a mi pareja quien me ha apoyado increíblemente por muchos años y con quién inicié una familia.  Y aunque aún a veces mi ánimo se tambalea y tengo días no tan buenos, hace tiempo decidí abrazar mis problemas, mis miedos, mis inseguridades y mis vacíos para construirme una vida mejor y ser yo misma mi propio motor para seguir adelante.

“Los seres humanos podemos sentirnos solos en muchas situaciones diferentes, estando rodeados de gente o siendo colmados de afecto.” Ana Frank


Nota de Humanos de Costa Rica: Una de las razones para lanzar esta iniciativa fue la esperanza de poder encontrar personas que por medio de sus sus vivencias puedan inspirar otros y demostrar que a pesar de la adversidad y los retos que nos pone la vida siempre habrá un camino para salir adelante.


Esta es una historia particularmente dura, la publicamos porque pensamos que refleja la realidad que otras personas pueden vivir y esperamos que el mensaje de que, a pesar de todo, se puede seguir adelante.


Si al leer esta historia se reflexionó, o piensa que podría ayudar a otros, compártala por favor con sus amigos y familiares, esparzámos buenas vibras, viralicémos optimismo.




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