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Sólo se Ve con el Corazón


Esta historia no es fácil, porque es de las que se cuentan con el corazón.


Soy Ana Karen, mamá de Emiliano. No había experimentado un amor tan profundo antes, pero tampoco la sensación de caer en un abismo sin fondo hasta que Emiliano, sin haber cumplido sus 2 años, fue diagnosticado de manera intempestiva con un tumor cerebral, lo que nos obligó a internarlo de inmediato en el Hospital Nacional de Niños (HNN).


Nunca antes me había sentido tan frágil, vulnerable e impotente. No tuve tiempo de pensar, solamente pude sentir un dolor muy profundo que me rasgaba el alma y seguir en pie, por él.


Emiliano fue operado de emergencia, una cirugía de casi 7 horas que fue exitosa, aunque la recuperación tampoco fue un tema fácil, vivimos aproximadamente un mes internados en el HNN, pasando por pequeñas alegrías dentro de tragos muy amargos. Pero cada día representaba una nueva oportunidad para nosotros.   


Emiliano a causa del tumor y los procedimientos sucesivos para salvarle la vida perdió la vista.

Con todo lo que estaba viviendo pude ver como mis sueños y proyectos se iban lentamente por la borda, pasé meses con esa sensación, hasta que aprendí a agradecer, agradecer por lo que es y por lo que hay, porque él estaba vivo y estaba con nosotros, en casa.  Porque la vida cambia cuando dejamos de centrar nuestra atención en lo que falta y empezamos a ver lo que existe, lo que hay.

Yo agradezco infinitamente tener a Emiliano, ver todas sus habilidades, entre ellas, darme múltiples alegrías. Justamente es él quien ha venido a la Tierra a enseñarme que, “solo se ve con el corazón, porque lo esencial es invisible a los ojos”.


Hoy, más de un año después, puedo decirles que lo único que me permitió sobrevivir a esos días y los post hospitalarios fue tomarme muy fuerte de la mano de Dios, quien se manifestó a través del cuido y el amor de mi familia, a través de mis amigos, del personal del Hospital y de tanta gente que intencionó por la vida de Emiliano.

Me di cuenta que no puedo sola y que jamás lo lograré de esa manera, que somos seres dependientes de otros, pero sobre todo del de arriba, el que no abandona, el que actúa de muchas y misteriosas maneras, solo que a veces no lo podemos ver.

La vida me sacudió de manera atroz, sí, pero me hizo revalorarla y amarla con más intensidad. Todo a mi alrededor cambió y, paradójicamente, es mejor.


Yo quiero decirles que es posible reconstruir una historia, que lo diga Emiliano, el sobreviviente.  Ahora no encuentro mejor manera de vivir, que un día a la vez. Caminando con un pie en la aceptación y otro en la esperanza, con la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Porque sé que cada día viene con su propio afán y la vida merece vivirla.


Nota de Humanos de Costa Rica: El 25 de mayo lanzamos esta iniciativa para compartir historias que inspiren, motiven, hagan reflexionar o simplemente generen una sonrisa a los costarricenses, especialmente en los tiempos tan retadores en que vivimos


"Sólo se Ve con el Corazón" es la historia número 100 que publicamos y no tenemos palabras para expresar el honor y agradecimiento que sentimos con Ana Karen por compartir una experiencia de vida tan personal, emotiva e inspiradora.


Son tantas las lecciones que nos transmite que no podemos dejar de pensar en el gran valor que tendrá para quienes la lean: amor incondicional, vulnerabilidad, dolor, agradecimiento, enfocarnos en lo que tenemos y no en lo que nos falta, el poder de la familia y los amigos, tomarnos muy fuerte de la mano de Dios, revalorar la vida, aceptación, esperanza y fe.


Nuestra admiración para ella, su familia y Emiliano, les enviamos todo nuestro apoyo y millones de bendiciones.


Si al leer su historia ha reflexionado, se ha motivado o inspirado, le agradecemos de todo corazón compartirla con sus familiares y amigos, compartámosles en este día buenas vibras, optimismo y una excelente actitud ante la vida, como dice Ana Karen, ¡la vida merece vivirse!

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