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Pacto de mi abuela niña y tu abuelo


Era una mañana fría de noviembre del 2012; mi cuerpo me pedía quedarme en casa, pero mi deber ciudadano y la solidaridad con mi padre, quien no viene a la ciudad salvo en casos excepcionales, me obligaban a encontrarlo en la esquina noreste de la iglesia la Merced para marchar junto a él y miles de costarricenses, en defensa de nuestra CCSS.

El conversaba con sus amigos y aproveché para encontrarme con las mías. Regresé para acordar donde almorzaríamos y lo encontré muy animado conversando con un fotógrafo, fascinado con su cámara Leica y con la idea que era nieto de don Joaquín García Monge. Nos presentó y cuando escuchó mi nombre, aprovechó para mencionar que teníamos una amiga en común. "Que pequeño mundo!" comenté. Mi padre me abraza, me da un beso, el aprovecha el instante y yo siento el click silencioso de su Leica. Me pregunta donde puede mandarme la foto, le doy mi correo y nos despedimos.

"... sentí que había visto mi alma"

Días después recibí la fotografía y mi corazón dió un vuelco; sentí que había visto mi alma. Agradecí mi foto sin mayor aspaviento para no delatar mi sorpresa.

Otra día, otra marcha, la marcha de negro encabezada por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, otra mañana fría en la que sentí gran dificultad para levantarme; caminé hacia la Corte con mi hija, iba casi dormida en busca de un café y no me percaté que pasé rozando "al fotógrafo" quien más adelante lo reclamaría; al llegar al Castillo Azul, mi hija se despide y quedo sola en la esquina, vuelvo mi mirada y veo venir desde el este, una boina negra llevada con prestancia. Me sorprendo al ver al fotógrafo tras la boina, se acerca, conversamos, me acompaña a mi casa y yo entro apresurada a aceptar la solicitud de amistad que había dejado sin contestar. Ese día hablamos 8 horas seguidas; descubrimos tesoros en nuestras historias; una gran amistad entre su abuelo y mi bisabuela, un niño Jesús que le compró a mi abuela y que aún existe en la vitrina de mi tía y unas cartas que envió don Miguel de Unamuno a don Joaquín García recomendando a mi abuelo, joven médico español, que quería radicarseen Costa Rica; además el “arreglo” celestino de nuestra amiga en común quien le comentó, sin estar yo enterada, que había mencionado estar enamorada de un fotógrafo, cuando había mencionado enamorarme de la fotografía; resultó ser lo mismo.

"esa, era yo"

Ella planificó una reunión de amigos, yo mencioné que no tenía carro y un segundo después me envió un mensaje y me ofreció llevarme. Desde entonces hemos estado juntos, recorriendo historias, recordando otros tiempos. Un día conversando, le conté que yo había vivido en barrio Maynard chiquilla, me dijo "montate al carro" y para mi sorpresa se detuvo exactamente en la casa de mi niñez y me cuenta que él pasaba en bicicleta estirando el cuello para ver a una chiquilla que le gustaba; esa, era yo.


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