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Nunca Darse por Vencido


Nací en un pueblo cercano a la capital, en ese entonces muy lejano desde mi percepción (Barrio Fátima de Damas de Desamparados). Soy el tercero de 8 hermanos. Vengo de una familia muy acomodada, sí…nos acomodábamos 8 hijos en un solo cuarto de 3 x 4 metros.


Mi infancia fue maravillosa, jugando mejengas en la calle, aprendiendo a nadar en las pozas (los ríos eran aún limpios), robando mangos donde Los Araya y Guabas donde Don Alfonso, cogiendo café para pagarme mi ropa nueva de navidad. Nunca nos faltó qué comer, no pasamos necesidad porque la ayuda social nos echaba una mano. Mi papá trabajaba de sol a sol, de lunes a viernes para mantener esa guilada.

"Tenía todas las probabilidades de terminar mal"

En mi adolescencia durante el colegio, me descarrié bastante, vinieron las malas juntas, el consumo de cervezas, cigarros, cemento y algunas transacciones ilegales que empecé a intercambiar en el colegio. Tenía todas las probabilidades de terminar mal.


A los 15 años, me invitaron a un campamento de jóvenes en Roblealto, me llevaron patrocinado porque no había como pagar el costo. En ese lugar casi mágico, conocí a dos personas que cambiarían mi mundo, al Creador del Universo, quien me tocó de una forma increíble (no da el espacio para explicarlo aquí) y a quien sería mi esposa (ella tenía 13 años). El mundo giró por completo para mí, todo ahora tenía sentido.

"...el mundo giró completamente para mí, todo ahora tenía sentido"

A los 18 años, ya graduado del colegio, gané mi examen de ingreso a la Universidad de Costa Rica, tuve un muy buen promedio. La alegría de estar en la U era indescriptible. No tenía para los pasajes, mi papá no podía ayudarme, cogía café para comprar los útiles, mi tía Olga o mi tía Ligia me recibían en su casa para que almorzara, aunque fuera arroz y frijoles y un huevo. Mi suegra, doña Gerardina (de una familia de clase media) me daba 100 colones para los pases cuando salía de “marcar” los domingos.

"...yo sería el eslabón que rompería la cadena de pobreza en mi familia y que tendría 2 carreras para cuando cumpliera 27 años."

A los 9 meses de estudiar me dicen que la beca que tenía con el gobierno ya no era posible. Fui a hablar con mi papá y con lágrimas en sus ojos me dijo: “mi hijo yo quisiera ayudarlo, pero no puedo, no me alcanza”, le respondí que no se preocupara, que yo saldría de la U y me pondría a trabajar para poder estudiar. Salí de la U, el trauma fue horrendo, no podía ni pasar por el frente. A esa corta edad (18) le prometí a Dios que, si me acompañaba como a Josué en el desierto, yo sería el eslabón que rompería la cadena de pobreza en mi familia y que tendría 2 carreras para cuando cumpliera 27 años.

"he aprendido a agradecer y a trabajar duro, he aprendido a valorar lo que tengo y a no extrañar lo que me falta."

A los 27 años y 6 meses me graduaba de la segunda carrera. Hoy tengo 30 años de casado con aquella mujer que amé y sigo amando (Xenia), tengo dos hijos y, por varios años ya, trabajo en una organización mundial que me hace ayudar a los niños más vulnerables del mundo, he recorrido casi 50 países en todos los continentes haciendo esa labor. He encontrado la plenitud en lo poco y en lo mucho, he aprendido a agradecer y a trabajar duro, he aprendido a valorar lo que tengo y a no extrañar lo que me falta.  


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