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Nacer para Romper con la Estadística


Nací en Chacarita, considerada la cuarta población de mayor riesgo social de todo Costa Rica y la primera en el cantón de Puntarenas.


Tenía poco menos de tres meses de nacido cuando mi mamá biológica decidió regalarme "por tinta y papel" como se le denominaba en los 70´s al proceso de adopción. De mi padre biológico, sólo tengo la vaga referencia de haber sido un maquinista de tren orotinense quien en una borrachera falleció arrollado por la misma unidad que conducía al quedarse dormido sobre las líneas.


Cuando fui cargado por primera vez por los brazos de Margarita, mi mamá adoptiva, estaba en deplorable estado de salud. El parte médico revelaba tres condiciones de atención inmediata: Desnutrición aguda, tímpano del oído izquierdo reventado por desatención a infección de oídos y finalmente meningitis por trauma en el cráneo producto de una caída accidental al resbalar de los brazos de mi frágil hermanita quien me cargaba recién nacido.


Mi papá adoptivo no estaba en casa ese día, pero cuando llegó y vio el estado en el que me encontraba, el miedo y la angustia lo abrumaron por completo indicándole a Margarita que adoptarme, implicaba no sólo un riesgo, sino que para ella un inminente profundo dolor al perderme, a lo que Margarita sentenció con amor y firmeza: "Así sean 20 minutos o muchos años, ahora está en nuestras manos".

"Así sean 20 minutos o muchos años, ahora está en nuestras manos".

Mis papás adoptivos no estaban casados, lo que hacía complicado el proceso legal expedito, yo nací el 20 de agosto, y el 16 de octubre contrajeron nupcias bajo tremendo aguacero invernal. Hubo que mentir piadosamente en el recién inaugurado Hospital Monseñor Sanabria para poder obtener la partida de nacimiento, mi tarjeta de vacunas aún tenía los apellidos de mi madre adoptiva y la secretaria de la CCSS se percató de la irregularidad, los llamó aparte a los dos y les rogó que cuidaran de mí, que ella conoció a mi madre cuando en el mismo hospital trató de encontrarme familia a quien regalarme.

En agosto de 1976 estaba celebrando mi primer año de nacido, mis padres adoptivos Margarita y Manuel decidieron llevarle la contraria a la estadística de mortalidad infantil costarricense de mediados de los 70´s, arrebatándole uno sus ingratos "dígitos".

Aunque las secuelas cognitivas a causa de la meningitis temprana, fueron durante ciertos tractos de mi faceta estudiantil todo un reto, logré culminar una carrera bilingüe en docencia y hoy en día desde la dirección ejecutiva de CISV Costa Rica, coordino oportunidades de participación en programas interculturales de educación para la paz a cientos de jóvenes costarricenses.

"Margaritas de Papel" en homenaje a quien me salvó la vida y me tiene aquí

Mi padre adoptivo cerró sus ojos en el 2018 y ese mismo año, publiqué un libro de sencillos ensayos, canciones y poesías titulado "Margaritas de Papel" en homenaje a quien me salvó la vida y me tiene aquí, compartiéndoles un poquito de mi historia.


No sé cuánto más durará esta quimera, pero sentencio como en una de mis canciones, que en nuestro paso por el mundo, nuestra huella más importante, será siempre la del amor y ojalá, me puedan recordar por eso.



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