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Mi Tribu


En el 2012 nació Fer, mi primer hijo. Aunque tuve la suerte que corren pocas (Fer durmió toda la noche desde los tres meses) empecé a entender una frase que leí una vez: “Los niños deben ser criados por una tribu”.


Ser mamá es agotador y el contar con mi mamá, mi esposo, mi suegra y la señora que me ayudaba en la casa, me hizo toda la diferencia para poder disfrutar realmente de esa primera experiencia, donde yo era inexperta y donde tenía que regresar a trabajar tiempo completo, cuando mi bebé cumplía apenas los 4 meses de edad. Esa tribu la valoro todavía al día de hoy, 8 años y otros dos hijos después.


En un giro inesperado tomé una de las decisiones más difíciles a las que me he enfrentado: separarme de mi tribu. De todas esas mujeres que me acompañaron durante el nacimiento y la crianza de mis tres hijos. Eso me llenó de mucho miedo, sin embargo, la decisión estaba tomada. Nos íbamos a afrontar como familia un idioma, una cultura y un país distinto.

Mi esposo y yo contamos 100% el uno con el otro, tanto para los quehaceres de la casa (allá la ayuda para la limpieza no es una opción, considerando nuestro presupuesto) como para las tareas y las actividades extracurriculares, tanto nuestras como de los chicos.


Hasta marzo pasado (2020), dos años después de vivir en nuestra nueva ciudad, nos la habíamos arreglado para que parte de esa tribu continuara presente cada vez que se podía. Ellas venían y nosotros íbamos.

Como para todos, este marzo que acaba de pasar el mundo nos dio un giro de 180 grados y dejó de ser el que todos conocíamos. Para mí hasta la maternidad cambió. Esa incertidumbre que sentí cuando me fui de mi país volvía de alguna manera, pues lo primero que pensé es que otra vez iba a perder a esas mujeres que tanto nos acompañan.

De cierto modo aprendí a ser una nueva mamá. Es que hasta el nivel de responsabilidad es distinto, pues al igual que la mayoría de las madres y los padres del mundo, ahora toca asumir todo lo que hacen en la escuela y el kínder. Y sumarle a ello el estar encerrados en la casa todo el día, planear actividades para que no se aburran, mantenerlos activos físicamente y todo eso sin dejar de sacrificar mi trabajo y mi tiempo personal.

Al inicio pensé que iba a ser por unas semanas, que se terminaron convirtiendo hasta el día de hoy en 5 meses y seguimos contando sin saber cuándo va a terminar.


A pesar de que estoy disfrutando mucho esos nuevos espacios con mis hijos, hoy valoro más que nunca esa frase que cito al inicio de este texto: “Los niños deben ser criados por una tribu”. Extraño poder compartir con esas otras mamás que me enseñaron tanto, que me dan tanta seguridad y que gracias a ellas hoy en medio de una pandemia que tiene al mundo paralizado, he podido reaprender de esta nueva maternidad que descubrí a los 8 años de Fer, los 6 de Dani y los 4 de Gabo.


Celebren a sus mamás y celébrense ustedes, todas las mamás del mundo. ¡Lo merecemos!


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