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Mi Media Naranja


Este año no ha sido mi año, al igual que para la gran mayoría de las personas del país y del planeta.


Con tan sólo 3 días de haber iniciado el año sufrí la ruptura de una relación amorosa de casi 4 años que me afectó mucho.


Una semana después tuve una cirugía en el talón que salió mal, fue muy dolorosa, no curó el problema y me dejó sin poder caminar apropiadamente por varios meses. Luego tendría otra cirugía que tampoco funcionaría y más dolorosa aún. Esto me provocaba frustración y miedo, lo único que me prometían eran más cirugías dolorosas y ya no confiaba en que se solucionará el problema.

En febrero mi abuela sufrió un accidente en un choque de bus que la dejó internada por dos meses y estuvo a punto de morir en varias ocasiones. El miedo de perderla y la culpa que sentía al no haberla disfrutado lo suficiente mientras estuvo bien me carcomían.

Para rematar, en medio de todo esto se viene una pandemia que nos deja confinados y nos aísla del contacto social. Sufrí por muchas semanas de una profunda soledad y ansiedad por todo lo que estaba viviendo, no entendía por qué tenía que venir una cosa tras la otra y no tenía en quién apoyarme para estar mejor.

Aquí es donde entra en juego la música. Soy músico de profesión, profesor y apasionado de la música. Una de las tantas cosas que me quitó esta pandemia fue el trabajo que venía cosechando con mis alumnos y el crecimiento de mi academia ya que muchos decidieron cancelar las clases por el COVID-19. Aún así la música era lo único que me quedaba, pasaba largas horas en mi cuarto practicando, cantando, haciendo covers y buscando la manera en que ella fuera el escape de mi realidad. En ella me refugié hasta que las cosas empezaran a mejorar.

Poco después finalmente un especialista logró curarme el padecimiento en el talón y pude volver a caminar con normalidad. Mi abuela, contra todo pronóstico, logró recuperarse y volvió a su casa feliz y con salud. Entonces pude hacer algo que siempre tuve pendiente: ir a cantarle y poder ver su rostro de felicidad.

Mi trabajo volvió a levantarse y de nuevo he podido compartir la música con quienes están deseosos de ella. Inclusive logré cumplir un sueño que tenía de años, construir e instalar mi propio estudio de música donde doy clases, practico y grabo mis canciones.


En cuanto al amor, tengo a mi media naranja, es mi guitarra que logra completarme cuando me siento vacío.

"La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu." - Miguel de Cervantes.


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