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La Belleza de Crecer


No todo es risa en la vida real. La dualidad luz/oscuridad está intrínseca en nuestras vidas.


Al transitar un largo camino desconocido, he encontrado la sabiduría de la fuerza divina que me ha guiado, a veces sin darme cuenta, otras más conscientemente, por un trayecto lleno de luces y sombras, donde en muchas ocasiones no sabía lo que estaba haciendo, donde me sentía completamente perdida, frustrada e incapaz de continuar, pero a pesar de todo siempre hubo una fuerza interna que me empujó a continuar. Ahora entiendo todo. Ahora puedo ver que cada cosa que viví me estaba preparando para algo más grande.


Estudié la carrera de Danza en la Universidad Nacional (UNA) con la gran ilusión de convertirme en bailarina y así cumplir el sueño que nació en mí cuando tenía 14 años. A esa edad, gracias a que mi hermano Ricardo me empezó a llevar a ver espectáculos de danza y a mis primeras clases, decidí que eso era a lo que quería dedicarme y empecé a prepararme para ello.

Terminando la Universidad, por circunstancias personales, me trasladé a vivir a Guanacaste y dejé de practicar la danza por 12 años, tiempo en que me dediqué a ser mamá de dos bellos hombrecitos. Fue una época difícil, alejada de lo que más me apasionaba, un largo tiempo en el que muchas veces perdí totalmente las esperanzas de poder volver a bailar. Ahora pienso que cuando amamos algo con todo nuestro corazón, Dios, el Universo o como quieran llamarlo se encarga de regresarnos al camino correcto para alcanzar ese deseo.

En ese lapso de tiempo, después de varios años sin la danza, como una milagrosa sincronicidad conocí el método Pilates. ¡Eso fue amor a primera vista! Ahí encontré una fuente perfecta que conectó mi cuerpo, mi mente y mi alma en un lenguaje de movimiento que mi cuerpo agradecía profundamente. Me acercó de alguna manera de nuevo a la danza. Me abrió un sendero inmenso que hizo que recuperara la motivación en muchas áreas de mi vida.


En el 2009 dejé Guanacaste y me fui a vivir a Quepos donde otro evento maravilloso sucedió. En ese momento mi ex profesor de la Escuela de Danza de la UNA, Carlos Ovares, había llegado de San José para iniciar un proyecto en la zona y yo pude integrarme al grupo. ¡Después de 12 años sin bailar pude volver hacerlo!

Con ellos fueron 6 hermosos años en los que tuve la oportunidad de bailar en muchas ocasiones y de tener experiencias que jamás hubiera imaginado, como participar en cuatro ediciones del Festival de Coreógrafos en el Teatro Nacional y en dos del Festival Nacional de Danza Contemporánea en el Teatro Melico Salazar.


En 2010 me moví a vivir a Pérez Zeledón y desde el 2013 inicié mi propio proyecto, Casa Espiral, desde donde he podido aportar al desarrollo del arte y la cultura de este cantón, dando clases de Danza Contemporánea, Ballet y por supuesto Pilates, y he podido crear bellos espectáculos con muchos niños, jóvenes y adultos que durante todos estos años se han acercado a este espacio.


Hoy más que nunca estoy agradecida con la vida por tenerme donde me tiene, por permitirme conocer tanta gente quienes han sido verdaderos ángeles en mi ruta de evolución, por tantos seres de luz que me han enseñado desde su lugar de alumnos, amigos, maestros, colegas y más y porque ahora sé que las posibilidades son infinitas cuando confiamos en el proceso del camino.











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