• Humanos de Costa Rica

Joya Endémica


Cuando visité Madagascar, o como se llama en su idioma local Madagasikara, por primera vez en mi vida, la emoción me sobrepasaba, tenía mi "ego " fotográfico a tope, pensando en las maravillosas fotografías que iba a lograr de la endémica vida silvestre del país. Juraba que ya lo sabía todo, con apenas 26 años ya me "comía el mundo".


No más haciendo los vuelos y conexiones para llegar empezaron a llegarme mensajes privados de familiares y conocidos que alertaban de un brote en el país de la temida "Plague" o peste bubónica. Con varios infectados y decenas de muertos, por supuesto para alguien con mis problemas de ansiedad clínica, esto desestabilizó mis planes y me puso muy nervioso. Aunque sabía que tendría cuidado, ¿cómo podría fotografiar tranquilo sabiendo que podría contagiarme con una de las enfermedades que mato a millones de personas en Europa hace pocos siglos?


Sumado a esto, Madagascar me golpeó directamente a la cara mostrándome lo que hasta hoy he conocido como la mayor pobreza y miseria en la que puede vivir un país. Sin orden, sin educación gratuita, sin sistema sanitario y sin un gobierno que vele por el bien de sus habitantes y que más bien vela por el bien de sus propios bolsillos.

"a Madagaskar iba a aprender sobre la vida y tener una de las mayores enseñanzas de mi existencia"

Ver a niños de la edad de mis hijos trabajando, jóvenes desesperados haciendo todo para los pocos turistas que visitaban el lugar en busca de alguna propina, me hizo darme cuenta que yo a Madagascar no iba a hacer solamente fotografías, si no que iba a aprender sobre la vida y tener una de las mayores enseñanzas de mi existencia: tomarme siempre un momento para darme cuenta de lo afortunado que soy y practicar el AGRADECIMIENTO.

"... tomarme siempre un momento para darme cuenta de lo afortunado que soy y practicar el AGRADECIMIENTO"

El contraste entre esta pobreza y miseria extrema, con los magníficos y coloridos animales de esta región es casi atemorizante. Me preocupó enormemente como conservacionista y como amante de la vida silvestre que esta pobreza va acorralando poco a poco los ecosistemas de animales que son únicos en el mundo.



Conocí al Camaleón más grande del mundo, a un primate del tamaño de un ratón y a un gigante Indri (el Lemur más grande existente) que tiene sonidos únicos, pero lo que más me sorprendió fue ver a los bebés, ya que la época en que visité esta isla coincidía con la época de nacimiento de estos animales.


Ver esos ojos tan tiernos, esas miradas de primos lejanos y esa esperanza que, aunque todo parezca estar mal, siempre la vida va a encontrar la manera, siempre el ciclo de la vida continuará. Todo eso me hizo cambiar mi actitud y pasé de una desilusión total a una esperanza abrumadora. Desde entonces visito Madagascar cada año y trato de que mi trabajo fotográfico sea un embajador para contarle al mundo que un paraíso ha sido olvidado, un paraíso está esperando por ser conservado. El paraíso de Madagasikara.


Sobre Humanos de Costa Rica

Redes Sociales

Suscríbase

 Nuestro objetivo es compartir historias de humanidad de los ticos.  Vivencias de amor, alegría, valentía, admiración, dolor, tristeza y esperanza.

Queremos capturar el alma, esencia y diversidad de todos los costarricenses a través de sus vivencias más profundas.

Creemos que compartiendo las fibras mas íntimas de nuestra humanidad podemos ir tejiendo un lienzo que refleje nuestra idiosincracia. 

 Suscríbase y le avisaremos cuando publiquemos nuevas historias. 

© 2020 por Humanos de Costa Rica