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¡Gracias Cinturón de Seguridad!


Era una fría mañana de febrero del año 2011, ese día iba ser muy diferente para mí.


Me levanté muy temprano, tipo 3:45am, me alisté rápido, no desayuné, no pude por la emoción, me recogerían a las 4:30am y de ahí nos dirigiríamos a Heredia a recoger a dos compañeros para luego enrumbarnos hacia el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría, El Coco como se le conoce en aviación, directamente a la base del Servicio de Vigilancia Aérea del Ministerio de Gobernación, Policía y Seguridad Pública de Costa Rica.


Llegamos pasadas las 5:00am, cumplimos con el protocolo de ingreso y nos llevaron al hangar donde nos esperaban dos pilotos y un mecánico, ese día yo iba a realizar unas fotografías aéreas de la zona del Aeropuerto y parte de Alajuela por solicitud de esta entidad.

Me quedo corto en describirles la belleza del Aeropuerto a esa hora, la luz es bellísima, es tenue, ligeramente cálida y el viento hace sentir un frío que llega hasta los huesos, el valle empieza a llenarse de la luz del sol y la vida de la zona comienza a despertar.


Nos avisaron que ya estaban listos para despegar, el Piloto y Copiloto en su puesto, mis compañeros se sentaron detrás de ellos y yo… pues en el último asiento pero sin puerta, sin puerta.

Era el primer vuelo de mi vida y no tenia idea de lo que iba a ocurrir. Me pusieron el cinturón de seguridad, el cual iba a la altura de la cintura nada más, el Piloto dirigió la avioneta hacia la cabecera de la pista 07, ese es el extremo de la pista donde está la terminal principal del aeropuerto.


La aeronave avanzó lentamente y se ubicó en posición de despegue, el piloto recibió la autorización y aceleró, la nave avanzo poco a poco lento al principio y luego fue tomando velocidad hasta elevarse del suelo.

Esa sensación fue adrenalina pura, yo iba sentado al lado derecho de la aeronave y veía con emoción como la llanta del tren de aterrizaje se fue despegando poco a poco del suelo. Cuando nos íbamos elevando la aeronave empezó a vibrar y moverse con mucha fuerza, yo no podía agarrarme de nada, solo confiaba en el cinturón de seguridad y cuidaba que la cámara fotográfica no se me escapara de mis manos.

Mis compañeros no levantaron la cabeza en todo el despegue, ya a cierta altura todo se calmó y empezamos a volar por la zona y empecé a tomar las fotografías que me habían solicitado.


Luego de volar como por espacio de una hora el Piloto nos informó que íbamos a de regreso al aeropuerto, aproveché para tomar las últimas fotos.

En ese momento empecé a sentir un dolor muy fuerte en mi cadera, casi quemante, me empezó a molestar demasiado y paré de tomar fotografías. Ahí me di cuenta que estaba realizando la maniobra de aproximación al Coco girando para dirigirse hacia la pista 07.


La aeronave estaba prácticamente de lado a más de 45 grados, les juro que me asusté muchísimo ya que me di cuenta que mi vida estaba dependiendo de que el cinturón hiciera su trabajo, la gravedad me tiraba literalmente hacia afuera de la aeronave y solo ese dispositivo de seguridad me mantenía en mi lugar dentro de ella.

Finalmente nos alineamos con la cabecera de la 07, me pude finalmente acomodar en mi posición y la aeronave poco a poco fue acercándose a tierra hasta flotar unos instantes antes de sentarse en la pista, aterrizar sin mayor novedad y rodar por ella perdiendo velocidad. Esta vez me había tocado ver aún con mayor emoción como la llanta del tren de aterrizaje se fue acercando a la pista.


Ya en tierra, más tranquilo y con la adrenalina controlada, le di gracias al mecánico porque fue él quien me ajustó el cinturón antes de despegar.

Esta experiencia me sirvió para darme cuenta de que en la vida nada es seguro, nada está garantizado, es nuestra fe y confianza en nosotros mismos y en Dios lo que nos sostiene cada día, como lo fue ese cinturón de seguridad que me sostuvo dentro de la aeronave esa bellísima mañana.


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