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Ella es el Milagro


Luego de cinco años de noviazgo y año y medio matrimonio, decidimos que ya era el momento de formar una familia.


Yo trabajaba fuera del país, regresaba 5 días a Costa Rica y me iba 25, de

vuelta otros 5 y la rutina se repetía así mes a mes.


Mi esposa dejó de tomar pastillas y muy rápidamente, en mi segundo o

tercer viaje, quedó embarazada. Aún lo recuerdo como si fuera ayer, un

sábado me preparaba para tomar el vuelo de regreso cuando me llamó,

estaba muy resfriada, se había hecho la prueba de embarazo y quería abrir el

sobre del laboratorio con el resultado para saber qué podía o no tomar para

su resfrío. Le pedí por favor que me esperara para hacerlo juntos en la noche

a mi regreso, accedió entre tos y estornudos.

"... nos sentamos juntos en la cama, lo abrimos y .... ¡positivo!"

El vuelo de 5 horas se me hizo eterno. El resultado estaba en la guantera del

carro cuando me recogió en el aeropuerto, no lo tocamos. Llegamos a la

casa, nos sentamos juntos en la cama, lo abrimos y .... ¡positivo! Ella quedó

muda en shock procesando su nueva maternidad, y yo, con un sentimiento

inexplicable que me abrumó, “como macho que se respeta”, empecé a llorar

desconsoladamente de felicidad.

Nuestra preciosa hija nació meses después, gracias a Dios sana, fuerte y con

una melena negra que luego se convertiría en rubia.


Decidimos “disfrutarla” al máximo y esperar hasta que tuviera dos o tres años para pedir otro hijo. Fue tan fácil con ella que dimos por sentado que muy rápidamente

tendríamos un nuevo embarazo. No podíamos estar más lejos de la realidad.

Pasaron meses y nada, otros más, nada. Decidimos hacernos exámenes que resultaron en una cirugía para corregirme una condición que podía ser la causa. Con esperanza renovada “vamos de nuevo”, tampoco tuvimos resultado.


Luego de mucho debatir si Dios quería o no darnos otro hijo, si deberíamos

recurrir a algún tipo de procedimientos o no, mi opinión era que debíamos hacer todo lo que estuviese a nuestro alcance, si al final Él no quería, no sucedería.


Empezamos con inseminación artificial, la cual tenía un tratamiento de preparación que maltrataba mucho a mi esposa. No funcionó. “Tratemos de nuevo, en el próximo sí” ... 4 o 5 veces más tarde, nada.

"Cada intento que hacíamos siempre inmerso en nuestras oraciones por un milagro."

Cada intento que hacíamos siempre inmerso en nuestras oraciones por un milagro.


Finalmente decidimos hacer in vitro: preparación intensa, viaje a Colombia,

internamiento, procedimiento y regreso.


Luego de más de 3 años ¡finalmente lo logramos!, alboroto total en la familia,

felicidad de mi hija que ya con 5 años entendía lo que acaba de suceder.


De repente, luego de unas semanas, ya no... “El cuerpo es sabio” nos dijo el

doctor, “decidió que algo no estaba bien”. Una montaña rusa de emociones

que nos había dejado confundidos, exhaustos. ¿Por qué ha sido tan difícil?

¿Por qué no hemos podido? Mil pensamientos de enojo, resignación, tristeza

e impotencia.

Días después, más tranquilos reflexionando sobre lo que habíamos vivido,

realizamos que durante todos estos años entendimos esta vivencia

completamente al revés: quizás desde el inicio no podíamos del todo tener

hijos. El milagro, por el cual tanto habíamos pedido, en realidad Dios ya nos

lo había concedido. Nuestras oraciones fueron escuchadas aún antes de

elevarlas al cielo. Estuvo siempre a nuestro lado. Ella, nuestra hija, sana,

sonriente, bailarina incansable y alegre, que ilumina todos los días nuestra

vida, es en realidad el milagro.

Dios nos bendice en su tiempo y de las formas más inesperadas, hoy tengo más claro que debemos dar gracias por todo, todo el día, todos los días. La vida es buena.


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