• Humanos de Costa Rica

Dos Maletas


"Todo lo que yo tengo está en la cajuela", yo no entendí a que se refería, "yo no tengo nada, en la cajuela van dos maletas donde tengo todas mis pertenencias" No preciso ahora porque surgió el tema.


Entonces, recordé que por mucho tiempo, en los diferentes trabajos que tuve, viviendo en diferentes sitios, yo siempre decía que no quería tener más que lo que me cupiera en dos maletas, así cada vez que me tuviera que regresar a mi casa no tendría que llevarme mucho.


Vida “nómada laboral”, porque decir la palabra inestable, me provoca un “atarugamiento”, que hoy, a mis cuarenta y tantos en media pandemia, me pasa la factura y me hace pensar mucho.


"En la cajuela tengo mi ropa, mis artículos de higiene personal, todo", él parecía tener una necesidad extraña de enfatizar lo poco que tenía.


Sabía que aquel hombre no era tico, tenía un acento que yo no lograba definir, pero me sonaba a sur. Mi “acentómetro” se dañó desde que, a lo largo de mi vida, he tenido interacción con muchos extranjeros de diversos países.


Se le podía llamar señor, ya que, aunque era joven, ya no era un muchacho, parecía alguien muy educado y era conversador. Muy agradable.


"No entiendo… ¿y dónde vive?" le pregunté, "en San José, pero no tengo casa, ni apartamento, ni nada, pago sólo la noche, no tengo un sitio fijo para vivir"


Aquello no me sonaba algo “normal”, me daba mucha curiosidad su forma de vivir.

Aquel prójimo, que resultó ser Venezolano, de una zona de un acento diferente, cada noche buscaba un sitio para dormir, pagaba entre mil, dos o tres mil máximo, al día siguiente se bañaba y volvía con sus dos maletas al carro, a hacer la labor de UBER, trabajo que hacía en largas jornadas, que se podían prolongar hasta doce o dieciséis horas diarias, o según sus propias palabras… “hasta que el cuerpo aguantara”.

El carro tampoco era suyo, lo rentaba, debía hacer una cuota mínima diaria que le permitiera pagar la renta del carro, el combustible del mismo y el espacio para dormir.


Buscaba donde desayunar y después, solamente hacía una comida al día… aunque en días buenos, se podía dar el lujo de hacer un tiempo más de alimentación.


Aquel tipo era alguien “bien”, en su país había tenido un buen trabajo, ganaba un salario competitivo, ahí si tenía un sitio para vivir, comer y poseía más de dos maletas, no obstante, la crisis en su país lo obligó a buscar una nueva tierra donde intentar salir adelante, casi todo lo que le quedaba de ganancia lo mandaba a su país, anhelando poder mejorar un poquito la vida de los suyos.


"En ese sitio donde duerme ¿siempre le guardan su habitación?" le consulté, "no, no son habitaciones, son pequeños espacios o sólo un colchón, al menos hay baño. No siempre me quedo en el mismo sitio, voy a uno u otro, donde haya espacio." ¿Que jue’ aquello? Nunca había escuchado algo como eso. Igualmente contaba que conocía varias señoras que, por un precio cómodo, le lavaban su ropa.


"Muchas veces duermo en el carro, me sale más barato, porque si no encuentro un sitio seguro para guardarlo, también tengo que pagar parqueo."


Mi viaje era corto, así que no hubo oportunidad de ahondar más sobre el asunto.

Ya no recordaba aquella conversación, de aquel rol de vida “tan extraño”, hasta que, en los últimos días, cuando empezaron las noticias del contagio del COVID-19 en las cuarterías, entendí exactamente en que tipo de lugar se hospedaba aquel señor-joven y entonces fui consciente de que son sitios realmente feos, lúgubres, anti higiénicos y hasta peligrosos si se quiere. Nadie debería vivir bajo esas condiciones.

Hay un profundo trasfondo de cuestiones relacionadas con problemas migratorios, socio económicos, incluso hasta quizá judiciales de esas personas, todos lo sabemos, pero no es el punto de mi relato.


Sencillamente son sitios indignos para dormir y menos para vivir. ¿En que momento empezó a ser normal que haya personas que vivan bajo condiciones así? No son personas en situación de calle, son una “rayita” más arriba de estos, pero siguen viviendo en pobreza y desigualdad.


La mayoría de nosotros desconocíamos esto, muchos no teníamos ni idea de que alguien cobra por una colchoneta en el suelo, ni siquiera es un colchón, ni siquiera es una habitación, en muchos casos es sólo un minúsculo espacio.


Muchísima gente la está pasando muy mal, económicamente y emocionalmente. Ninguno pidió vivir esta época, sólo nos ocurrió y hay dos formas de vivirla, sumidos en la negatividad, tristeza, depresión o intentar ser positivos por encima de todo y todos, luchar, aprender, ser más solidarios, intentando apoyar.


A mi me dio pena haber olvidado a aquel hombre, lo que me había contado y haberlo recordado, porque ahora se y conozco que son realmente las cuarterías.


A veces conocer y saber no nos sirve de mucho, si no podemos hacer nada para cambiar esas situaciones, mas la vida indigna que viven tantas personas, no debería ser desconocida, omitida, olvidada.

Muchos anhelos se han de repasar acostado en una colchoneta en el suelo, muchas historias deben haber llevado a esos seres ahí, mucho trabajo y congojas han de vivir cada día, para tener esos mil, dos mil o tres mil colones para no dormir en la calle y arañarle a la vida al menos no pasar tanto frío o mojarse.


Estamos quedando evidenciados a todo nivel y no estamos aprobando el examen.

Hoy escuché esta frase célebre: “no pases por alto el dolor de otros, sólo porque no es tu culpa”.


Dos maletas son muy poco, si crees que tu camino será muy largo. Dos maletas es mucho más de lo que vas a necesitar si tu camino acaba hoy, mañana… pronto. ¿Quién tiene seguridad de cuántas maletas requiere?


Yo sigo diciéndome cada día “que esto también pasará” y sueño conque efectivamente muchos salgamos de este tiempo, siendo mejores personas, mejores seres humanos.

No es lo que tenés, es lo que sos, puedo tener dos maletas, pero puedo ser el mundo entero.


Saludos afectuosos para todos, bendiciones y deseos de que todos tengan alimento en sus mesas, un techo sobre sus cabezas, pero sobre todo PAZ, fe y esperanza en su ser.


Gracias a Dios y a la vida por donde estoy, lo que soy y lo que tengo. Gracias, gracias, gracias.


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