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Dios es la Clave en Todo Momento


Un fatídico día llegó 29 de mayo del 2012, llegue al HNN por un ultrasonido para mí hija, con tan solo 2 meses al parecer algo no estaba del todo bien.

Recuerdo haber visto en la entrada del hospital a varios niños y niñas con cáncer, inmediatamente pensé: "los niños no deberían tener cáncer, Dios mío por favor ayúdales", por mi mente nunca paso la posibilidad de que mi bebé lo tenía, y era muy agresivo. Después de casi 2 meses de estar internada con ella, tras pruebas y análisis el diagnóstico de Estefanía me lo harían saber apenas llegará mi esposo y mi madre, un hepatoblastoma grado 3 (cáncer en el hígado), iniciaría quimioterapia inmediatamente y debíamos ponerle un catéter especial por ser un bebé tan pequeño.


No pude llorar solo le pedí al doctor que me explicara todo en un lenguaje coloquial, necesitaba saber que debía hacer y en que podía ayudar. 

Mi corazón estaba desgarrado lloraba mientras ella dormía, no quería que notará mi tristeza, no lograba encontrar la paz, tenía mucho miedo de perderla, cosa que tampoco me permitía disfrutarla. 


Hablando con la mamá de Camila, niña con la misma situación de mi hija, me contó que cuando su hija se enfermo  su familia era atea, entonces dijo: "simplemente mi esposo y yo subimos al quinto piso, entramos en la capilla y sin saber como rezar, ni como pedirle a Dios lo hicimos y acá estamos 6 años después " . 

Ese fue el mejor consejo que recibí, cuando Estefanía tuvo su cirugía para colocación de catéter, subí a la capilla, me inque y empecé a llorar, a pedirle a Dios por mi hija, le dije" se que los hijos son prestados, así que te la entrego Señor, déjame estar con ella en éste doloroso proceso, acompañarla, serle de utilidad y apoyo, que sepa que tiene una madre que le ama y nunca le abandonará", a partir de ahí todo cambió. 

Empecé a sonreír a disfrutar de cada momento y a ver la vida de diferente manera, vivir el día a día y a ayudar a todo el que lo necesitará. 


Definitivamente está fue la experiencia más enriquecedora que hemos tenido todos como familia, mi madre me ayudaba cuidando a mi hija mayor Sofía, mi esposo trabajando para que no nos faltase nada y mi suegra todos los días llegaba al hospital de 1 a 5 pm, con ropa limpia y comidita casera, mis cuñados y cuñada, mi hermano, hermana, y los padrinos de Estefanía siempre pendientes de que estuviéramos bien. 

El personal del HNN excelente servicio, el equipo de doctores y enfermeras de onco-hematología y medicina 3, las familias Retana-Sánchez, Jarquín-Salmerón-Iglesias, mis amigas Karen, Rosa y mis vecinas Antonia y Elena.

También muchas personas que ni siquiera conociámos, colaboraron siempre para que no nos faltará nada, es demasiado hermoso saber que la solidaridad y compasión por una causa agitan el corazón de las personas para comprometerse a ayudar, la humanidad todavía vale la pena, gracias a Dios en primer lugar y a todos los antes mencionados.  Todos debemos aprender a revalorizar la vida para darle un mejor sentido.

 

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