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De Todos los Momentos de Mi Vida


En casa el amor se sentía desde que entrabas. Un día un amigo cercano me dijo: “¿por qué tu casa huele tan rico?, ¿qué es lo que le ponen?” Le contesté, “¡nada!, es que en ella hay mucho amor y el amor huele así.” Todo se confabulaba allí, una casa acogedora, un patio grande, unos padres amorosos, una abuela chineadora y un tío que más que tío era un segundo papá, hasta se llamaba Eduardo, igual que papi.

“¡nada!, es que en ella hay mucho amor y el amor huele así.”

A veces vuelvo a casa para recordar el olor del amor, ver a mi abuelita Mamama con sus bracitos gorditos que tanto me gustaba estripar, cocinando un rico almuerzo y diciendo: “vengan ñaticos a comer”. Mi tío Eduardo con su eterna botella de vino, su salami y sus historias acerca de los 20 años que vivió en Uruguay. Mis papas siempre tan felices y enamorados.

De todos los momentos de mi vida, los de mi infancia y juventud son los que a menudo tocan a la puerta de mi alma para hacerme recordar de dónde vengo y quién soy.

Desayunábamos juntos, en la mesa no faltaban los deliciosos bollitos de la panadería Schmidt. Mi abuelita hacía los mejores huevos fritos que he probado, no sé qué les ponía, pero sabían riquísimo. A mi hermano y a mí nos encantaba que ella nos diera “sopitas” del único huevo que se comía.

Antes de irse a trabajar papi nos persignaba y nos daba un fuerte abrazo, su olor a Vetiver de Carven me acompañaba todo el día.

"Antes de irse a trabajar papi nos persignaba y nos daba un fuerte abrazo"

Mami nos llevaba de compras a Brolatto y Peinador que estaba a la vuelta de Canal 7. Al entrar, Don Mariano Peinador nos recibía cariñoso. Mientras mami compraba la carne con Edwin en la carnicería, me escabullía a la sección de revistas junto a la verdulería de Carlos, a buscar las de Supermán, Gene Autry y otros. Todos los del abastecedor eran ya viejos conocidos que hacían de nuestra visita algo realmente bonito.

De vez en cuando íbamos a hacer mandados a San José. Dejábamos el carro en el parqueo Moderno, al lado de la Soda El Parque, de la mano de mami llegábamos hasta Chupis, ahí me encantaba subirme en la silla en alto en que nos probaban los zapatos. Después íbamos a la Avenida Central, pasábamos a la Mil Colores y caminábamos hasta la Óptica Rivera, a recoger nuestros anteojos.


Al medio día almorzábamos en Billy Boy unas ricas chalupas. Luego en la Pastelería Franco, de postre una torta chilena y mami se tomaba un café.

De regreso íbamos a Sellos Botija junto al puente de la antigua Fábrica de Licores a cambiar los cupones que mami tenía. Al caer la tarde volvíamos a casa a encontrarnos con mi abuelita y mi tío y esperábamos con ansias a que llegara papi. Al escuchar su carro mami, Esteban y yo corríamos felices a abrazarlo y besarlo.

"Al escuchar su carro mami, Esteban y yo corríamos felices a abrazarlo y besarlo."

De pronto me doy cuenta que ya no están, pasaron los años y hoy viven en mi recuerdo.


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