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Como Hoja en el Viento



Hace 17 meses salí de Costa Rica escapando de una relación que me quitaba el aire y así es como comienza esta historia qué, de acuerdo con mis planes iniciales, duraría solo 5 meses: cuidaría primero a una señora durante 4 meses y con el dinero que me ganaría iría a hacer el camino a Santiago y viajaría a conocer un poco de Europa.

Pero Dios tenía otros planes para mí, ya en Madrid sentí que debía quedarme y así fue.

Busqué trabajo de Interna cuidando a una señora con Alzheimer, una enfermedad muy difícil ya que entre otras cosas por momentos las personas se tornan muy agresivas.

Nunca había cuidado un adulto mayor, pero sabemos que Dios tiene un propósito en todo; salí corriendo de Costa Rica por una razón y vine a reconciliarme con mi pasado, de pronto después de 53 años llegó el perdón y paz a mi corazón a través de estas experiencias de vida.

Siempre le he temido a la soledad y a la muerte, sin embargo, vine aquí a enfrentar mis miedos; desde que llegué he estado sola y cuidando ancianos que de alguna forma están esperando que llegue la muerte. Es mágico como Dios me ha enfrentado a mis temores y me ha arreglado mi alma. Dios me sorprende todos los días.

El 14 de marzo empezó la cuarentena en Madrid y he tenido la gran responsabilidad de cuidar a una adulta mayor. En primera instancia me desesperé porque pasaría 24 horas 7 días a la semana en un apartamento sin poder salir a descansar. De seguro que si no hubiesen cerrado los vuelos me habría ido, pero es una bendición haber podido cuidar de ella y de mi mente en estos casi 80 días.

Hace más de 2 meses pensé que no lo iba a lograr, para mi era impensable pasar 3 o 4 semanas sin salir a descansar de mi trabajo y si me hubiesen dicho que iban a ser más de 80 días habría dicho “JAMÁS yo no puedo”

La señora que cuido ha vivido casi un siglo, ya a su edad todos los días todo el día dice “no puedo, no puedo, no puedo”. Yo por mi lado me digo “oh Dios, no quiero decir esas palabras nunca más y tampoco quiero escucharlas”, porque en tanto tengamos vida y salud podemos hacer lo necesario para sacar provecho de nuestros días.

Si Dios no nos llama antes, sin duda ya llegará el día que solo podremos esperar sentados en una silla.

Que me ha enseñado el COVID-19:

  • aprendí como dice mi madre a que hay que buscarle la comba al palo

  • aprendí que los límites sólo están en mi mente

  • aprendí que soy más fuerte de lo que pensaba

  • aprendí que no hay mal que por bien no venga

  • aprendí a ser paciente y controlada

  • aprendí del silencio, de la soledad, de la vejez y hasta de la muerte

  • aprendí a valorar mi libertad y que mi Vida es bellísima

  • aprendí que amo a los míos, mi familia y amig@s más de lo que pensaba

  • aprendí que si vivimos un día a la vez y con Fe llegamos ahí donde queremos estar

  • aprendí a aprender

Por más difícil que sea, no dejemos que la pandemia reste, por el contrario busquemos que SUME cosas buenas para nuestras vidas.

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