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Aquí y Allá, Todos Somos Seres de Luz


“Hola, me llamo __________, y soy de ___________”. Les puedo asegurar que en mi año de intercambio escuché esta frase como mínimo unas 500 veces. Todos los estudiantes que estábamos en esta universidad veníamos de todas partes del mundo, con culturas, idiomas, ideas, e historias diferentes. Pero todos habíamos llegado al mismo lugar, Evansville, Indiana, Estados Unidos.

Y ¿Cómo llegué yo hasta ahí? Pues bien, en el 2018, con el deseo de descubrir el mundo, pero sin dinero, me di a la tarea de buscar oportunidades para poder estudiar en el extranjero. Y así fue como me encontré una beca que cubría todos los gastos para estudiar un semestre en los Estados Unidos. Participé en el proceso de selección segurísimo de que no me iban a seleccionar, porque mi nivel de inglés era bastante bajo. Para mi sorpresa, fui avanzando en las etapas del proceso, hasta que finalmente me informaron que había sido seleccionado para estudiar dos semestres en los Estados Unidos, un semestre para aprender inglés, y otro semestre para estudiar Ciencias Políticas. Sin empezar mi viaje, ya había tenido mi primera lección, “si se quiere, se puede, y que, a pesar de tener miedo, las cosas se hacen con miedo, pero se hacen”.

Un lunes en la madrugada me despedí de mi familia, sabiendo que no los volvería a ver por un largo tiempo. Con una maleta y mi bolso, me dispuse a iniciar un viaje a lo desconocido, el cual terminaría siendo una de las mejores experiencias de mi vida.

Al llegar a este remoto lugar, llamado Evansville, en la Universidad de Southern Indiana, me encontré con personas con el mismo deseo que me había llevado hasta ahí: descubrir el mundo. Desde que me bajé de ese avión, empecé a conectar con las personas a mi alrededor, estaba emocionado, mi mente iba a explotar, no paraba de hacerles preguntas sobre sus culturas, creencias, sobre sus familias, y sus historias. Y esta emoción y curiosidad, no paró hasta que me enviaron de vuelta a Costa Rica, por la pandemia provocada por el Coronavirus.

Durante el tiempo que estuve allá, pude hablar sobre mi país. Se me inflaba el corazón de orgullo al decirles que mi país no tenía ejército, que tenía acceso a la salud y educación pública, que podía ir a volcanes, playas y montañas. Todo esto me hizo valorar lo afortunado que soy de vivir en Costa Rica.

En este viaje conocí muchas personas de países que ni siquiera sabía que existían, muchísimas culturas en un mismo lugar, pero me di cuenta que en el fondo todos somos iguales, somos seres llenos de luz. Pude apreciar que el verdadero idioma universal son las sonrisas, los abrazos, y el amor.

En mi vuelo de vuelta, con mascarilla, guantes y alcohol en gel por el COVID-19, y mirando por la ventana del avión me di cuenta que había descubierto una pequeña parte del mundo, pero lo más importante, me había descubierto a mí mismo.


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