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Esa Lluviosa Tarde de Mayo


¿Han experimentado alguna vez una fe tan grande que hace que todo tu ser se mueva de tal forma que hasta lo que parece imposible se llega a concretar? ¿O han tomado una decisión con tanta convicción y esperanza que han logrado cambiar toda su historia?


Pues yo sí. Una vez todas las fuerzas del Universo se movieron para yo poder contar esto hoy.


Cuando mis seres queridos llegaron a conversar con los doctores que vieron mi caso esa lluviosa tarde de mayo de 1984 en el hospital Calderón Guardia, obtuvieron una posibilidad bastante perturbadora: cero por ciento de probabilidades de que yo viviera. Cero. No estaba ahí para verlo, pero imagino la cara de consternación de mi familia y todas sus preguntas al escuchar el numerito. También puedo ver la cara de los doctores tratando de esquivar las miradas, tratando de ser lo más profesionales posible, y probablemente sintiendo también la impotencia de no tener soluciones.

"Lo único que quiero compartir es que fue el amor el que me salvó."

No entraré en detalles médicos ya que mi caso fue complejo y largo, y menos en los detalles sobre lo que yo sentía en mi cuerpo, frágil y pequeño. Lo único que quiero compartir es que fue el amor el que me salvó.

"En ese momento tomé la decisión de que nada ni nadie me iba a apartar de tener de nuevo en mis brazos a ese niño lleno de rizos y vida."

Yo tenía 24 años y en ese momento mi único hijo tenía 3 años. Estando en un momento de crisis aguda, vi su carita a través de una ventana del hospital. Lo habían llevado para que lo pudiera ver quizá por última vez, pues yo estaba casi en agonía. Desde la calle me saludaba con su manita blanca y diminuta. En ese momento tomé la decisión de que nada ni nadie me iba a apartar de tener de nuevo en mis brazos a ese niño lleno de rizos y vida.

Fue así, como luego de una lucha de más de 300 días, logré vencer a la estadística y ¿por qué no decirlo? ¡A la señora muerte, a Perséfone, a la Pelona! No era su momento. Ni el mio. De hecho, fui caso de estudio anónimo durante varios años en la carrera de Medicina de un par de universidades en Costa Rica.

Luego de la larga convalecencia, logré regresar a terminar mi carrera universitaria, a encontrar un trabajo que me dio muchas satisfacciones y luego de un par de años en él, se abrió la puerta de mi real vocación en liderazgo y desarrollo de talento en un área en la que no tenía estudios, pero que acogí con gran pasión. De Informática pasé a ser Publicista, y ahí me mantuve por 30 años.

"Sólo puedo decir que la fe es un poder maravilloso."

Sólo puedo decir que la fe es un poder maravilloso. En mi caso me permitió entender lo que era prioridad para mi y enfocarme en sobreponerme sin perder el ánimo, ni la esperanza y logrando sacar toda mi energía para poder vencer mi enfermedad. La vida se va desenvolviendo en los espacios y pensamientos donde ponemos nuestra energía. Y yo puse mi energía en el amor por mi hijo. La pasión se apoderó de mí, pasión por vivir, por abrazar y besar de nuevo a ese bello niño. El amor todo lo puede!


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