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32 Años sin Ella


Celebrar el día de las madres sin mamá será siempre extraño. Para la orfandad quedan de consuelo la propia maternidad, las abuelas (cuando quedan), las tías, las madrinas, las amigas, las compañeras de trabajo, las hijas que ya son madres, tanta mamá incluso desconocida a quien felicitar…pero nunca será igual.

Y cuando el día de las madres es en agosto apenas una semana después de que se recuerda la fecha en que murió la tuya es una cosa bastante complicada.


Porque la verdad, la muerte de la madre, nunca se supera. Menos esta tan prematura. Se llega a aceptar, a mirar con dulzura, con melancolía, se suelta una que otra lágrima, pero nunca se supera. Más de tres décadas después ya no es el drama ni el llanto, pero sigue siendo el vacío. Y cuando se trata de la nuestra: Gennie Morera Pacheco, el vacío es mayor. Que se nos haya quedado tan viva, tan vital, tan llena de entusiasmo y pasión en el recuerdo a sus hijas e hijos será siempre motivo de nostalgia. Nos quedamos con una muchacha-mamá. Por siempre. No habrá foto de ancianita. Solo de muchacha. Ya tres de sus hijos somos mayores que ella. Sigue siendo raro.

¿Qué estaría haciendo mami hoy? ¿Cómo sería de doñilla “octogenaria”? Entonces será inevitable recuperar su risa, sus proyectos constantes, su capacidad creativa y disposición al trabajo, la innovación, las ilusiones de todo tipo, qué mujer más activa, por Dios! ….es que “mami”, la nuestra era incansable, incansable, nunca paraba de hacer cosas.

Mami, para más señas, más que nuestra madre fue la hija de Alejandro Morera Soto y “doña Julita Pacheco” y eso en Alajuela es mucho decir. Ambos personas queridas, respetadas y muy conocidas, no por su abolengo, ni por sus bienes, sino por sus méritos y aporte a la comunidad. Pero hoy no toca hablar de la abuela ni del abuelo, sino de su hija: Gennie.

Mi mamá con vestido de flores siendo profesora en el Instituto de Alajuela


Todo el mundo la recuerda preciosa. Cuando yo la veo no la veo tan impresionantemente preciosa. Linda, sí. Normalmente linda. De esas bellezas digamos comunes…ahhh…pero ¿por qué la gente la recuerda así siempre “que tan linda”, “que tan guapa”…a menudo me lo pregunto y pienso que posiblemente porque su personalidad era su mejor maquillaje, peinado y adorno. Su sonrisa más. Su energía allí donde entraba. Un señor que estuvo de joven enamorado de ella me dijo un día “Gennie era la novia de todos, todos la queríamos de novia…” Me enterneció tanto su confesión de eterno adolescente.

Una de las últimas fotos de mami, con su primera nieta Daniela, a quien pudo disfrutar bastante de chiquitita, ya que nació en 1983, cinco años antes de que ella muriera.


Es tanto lo que se podría decir de mami. Que una vida trunca a los 49 haya sido tan vivida, tan intensa, tan llena de todo tipo de episodios no es tan usual. Mami los vivió todos y todo lo que vivió lo vivió hasta el fondo, desde el gozo más brillante hasta el abismo del dolor más profundo.

En sus treintas ya nos tenía a los cinco hijos e hijas que le quedamos y que hoy la recordaremos con nuestros hijos e hijas, nietos y nietas, y alguna anécdota compartiremos. Estará presente mientras trabajamos, mientras almorzamos, desde que nos levantamos hasta que nos vayamos a dormir.

Mi mamá con nosotr@s: sus tres hij@s mayores: Manuel, Lucía y Julia en 1966


Ella nos enseñó que al mal tiempo nadie se le arruga, y que siempre hay razón para una sonrisa. También que cuando de llorar se trata hay que llorar sin miedo, sin pena, abrazar el dolor. Gracias a ella supimos lo que era la solidaridad de verdad, no la del papel o del discurso, sino la de verdad, la de compartir el bocado, la mesa, la casa, lo que se tenga, poco o mucho, con quien lo necesite. Amiga leal, siempre dispuesta, de esas de salir de madrugada a ayudarte si lo necesitás, de esas “todo terreno”. La gente que lo probó lo sabe.

Qué mujer preciosa fue Gennie Morera Pacheco. Quien la conoció lo supo. Quien no lo supo no la conoció.

Agradecida invoco hoy su nombre sabiendo que es tanto lo que de ella se podría contar. Por dicha estamos Manuel, Lucía, Inti, Camilo y yo: sus hijos, para mantener vivo su recuerdo junto a nuestr@s hij@s y nietos; América, Victoria, Libertad, Julián, Emiliano, Sebas, Carlos Luis, Daniela, Luciana, Ignacio, Alejandro, Mateo, Migue, Gonzalo, Alejandra, Nicolás, Aurora, Camila, Celia, las personas de todos los tamaños que por el mundo andamos repartiendo su legado, su gesto, sus rasgos, su personalidad, su timbre de voz, la música de su risa, sus congojas, sus sueños, sus pasiones, sus ideas, sus pensamientos, su energía, su herencia, su compromiso: viva ella aún en nosotros y quienes de nosotros vengan después. (Y ya viene otro retoñito en camino!)

No en vano su canción preferida de siempre fue “Gracias a la vida” de Violeta Parra, hasta con guitarra la aprendió a tocar y cantar.


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