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3+3+3 no siempre son 9


Desde chiquilla siempre fui demasiado "mujercita". Si por mi hubiera sido, siempre hubiera andado de rosado, vuelo, escarcha, lazo y flor y mas adelante, labio pintado y tacón! Siempre con una muñeca en los brazos encontraba una posición de mujer dentro de los juegos de hombres de las calles de mi barrio. Además era flaca, emocional y llorona lo que me confirmaba vulnerable, frágil y quebradiza. Todos me decían flaca, mi tío me decía cositica y mami esmirriada!

En casa nos enseñaron a ser mujeres fuertes; de armas tomar, mujeres que resuelven y organizan y tienen el control. Yo no era esa. Tuve que trabajar mucho en aprender y el resultado fue, que no era ni chicha ni limonada. Con seguridad no era yo misma. Un día quería ser esa que se esperaba de mi y otro día intentaba con todas mis fuerzas ser la que llevaba dentro.

"Pero lo grité fuerte al Universo! Lo grité fuerte y con la certeza de que sería!"

Desde siempre mi único sueño fue ser mamá. El colegio, la universidad y los trabajos, fueron para mi lo que hacía mientras tanto. Sin haber intentado nunca quedar embarazada, descubrí a mis 25 años que tenía endometriosis y que iba a ser difícil tener un hijo. Me convencí por años que la sentencia venía de más allá porque seguramente no iba a ser una buena mamá.

Después de 3 operaciones que casi podría comparar con cesáreas, y tres tratamientos in vitro, decidimos que la adopción sería el camino. Era un momento de nuestras vidas en que teníamos mucho entre manos. No nos apresuramos a hacer ningún papeleo o búsqueda. Pero lo grité al Universo! Lo grité fuerte y con la certeza de que sería! Y apenas unas semanas después mi grito llegó a los oídos indicados. Sin saber nada de adopciones o trámites, sin preguntar si era niño o niña, o que edad tenía, o de donde venía, dimos nuestro SI contundente y veinticuatro horas más tarde, sin nada más que un paquete de mantillas, una lata de fórmula, dos chupones y una chupeta recibimos a nuestro primer bebé. Tenía dos meses y tres semanas pero pronto realicé que había llegado a mis brazos exactamente 9 meses después de mi primer tratamiento y entendí, que ese tiempo de espera y de tratamientos y de cambios hormonales, emocionales y físicos, se habían convertido en mi embarazo, en mi tiempo de preparación. Tres años y unos meses después, corría por la casa un bebé de tres años, una niña de casi año y medio y yo cargaba mi tercera bebé recién nacida.


"...sé con certeza que desde todos los tiempos, era parte de nuestra historia encontrarnos de esta manera..."

Esos niños se convirtieron en mis hijos en el segundo que los vi por primera vez, sé con certeza que desde todos los tiempos, era parte de nuestra historia encontrarnos de esta manera y que todos transitamos el camino que nos tocaba para poder estar juntos. No fue un camino fácil, especialmente para ellos.

Hoy agradezco a ese mismo Universo que me escuchó por juntarnos en este tránsito, en este pequeño tiempo de toda una eternidad. Por siempre seremos familia.

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